TORTILLA TIESA
PROYECTO CULTURAL




LITERATURA
QUE NOS
UNE

Un espacio para descubrir nuevas voces, redescubrir autores y vivir la cultura desde Centroamérica hacia
el mundo.
SOBRE Mi+
EL PROYECTO
Soy Silvia Lima, escritora y apasionada de la literatura. Desde hace años he buscado en los libros no solo historias, sino también formas de mirar el mundo de manera distinta. La escritura y la lectura son para mí un territorio de descubrimiento y de encuentro. De ese impulso nace Tortilla Tiesa, un proyecto cultural independiente que da voz a autores emergentes y rescata la fuerza de la literatura latinoamericana. Aquí conviven la memoria, la creatividad y el deseo de que las palabras viajen más allá de las páginas.
La misión de Tortilla Tiesa es sencilla pero esencial: abrir un espacio donde la literatura encuentre lectores atentos, generar conversación alrededor de los libros y compartir el valor de la palabra como una forma de resistencia y de belleza.
DESTACADO LITERARIO
Un espacio para compartir textos premiados, inéditos
o que merecen especial atención.
Manual del perfecto dulciorador
Todos los dulcioradores profesionales preparan una estrategia digna de una operación militar para obtener el mejor botín de una piñata. El primer paso es escoger adecuadamente la vestimenta, porque todo buen dulciorador sabe que la discreción es clave, una mochila amplia pero discreta, del mismo color que la ropa, permitirá actuar sin levantar sospechas. A su vez, la ropa debe ser cómoda y funcional, lo suficiente como para librar la batalla pero sin parecer que se la está librando. En el campo de batalla, los dulcioradores estudian y ubican a los niños, porque saben que los pelirrojos y los cachetoncitos son las fuerzas más implacables al golpear una piñata. Un dulciorador astuto se posicionará cerca de estos soldados, siempre alerta, y cuando la tormenta de golpes comience, se abalanzará al suelo con una rapidez que dejará a todos sin tiempo de entender lo que está a punto de suceder. Los dulces que caen primero son los más valiosos, pero hay que ser ágil para esquivar los golpes que, inevitablemente, esos bichitos feroces lanzarán sin piedad. Si algún presente empieza a sospechar de los movimientos calculados del dulciorador, es hora de usar la distracción. Puede hacerse fingiendo ser el organizador del evento, tomando fotos o “ayudando” a acomodar a los niños. Pero hay que tener especial cuidado con las tías golosas, que suelen tener las habilidades de un ThunderCat (ellas también desean ese botín) y descubrir el plan si no se es lo suficientemente astuto. En cuanto todos estén absortos peleando en el centro por los dulces, un dulciorador experimentado recogerá los que caen en las orillas y que siempre son menos disputados. Habiendo llenado su mochila discretamente, se retirará a un lugar seguro para reubicar el botín sin que nadie lo note. Pero un dulciorador no sería digno de su profesión si no contemplara las contingencias. Las tías súper poderosas pueden intentar contrarrestar sus técnicas y sugerir que sea él el encargado de romper la piñata, una trampa mortal que le obligaría a desperdiciar tiempo y esfuerzo en los golpes y no obtener ni un solo dulce. Si tal cosa ocurre, no queda más remedio que desatar el caos: tomar el mando con decisión y comenzar a repartir palo sin misericordia, derribando a todos los rivales. Para completar la faena, deberá aliarse con los pelirrojos y cachetoncitos. Mientras el dulciorador apalea, ellos deben rellenar la mochila y huir para luego repartir el botín.
Silvia Lima
(Cuento ganador en la convocatoria Literatura femenina
Luz y Verso, UNAM)



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