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LA OBSESIÓN POR ENTENDERLO TODO ESTÁ MATANDO LA LITERATURA

Silvia Lima
5 may
2 min de lectura

La obsesión contemporánea por convertir la literatura en un instrumento está matando una de sus partes más esenciales: la poesía. Hoy parece que todo texto necesita justificar su existencia diciendo algo útil, denunciando algo, explicando algo o tomando una postura frente al mundo. Se espera que la literatura sea política, social, económica, moralmente correcta o intelectualmente productiva. Y aunque la literatura puede ser todas esas cosas, reducirla únicamente a eso es empobrecerla.

Porque hay algo profundamente humano en escribir sin la necesidad de demostrar nada.

La poesía no nació para resolver problemas públicos. Nació, muchas veces, simplemente del asombro. Del vértigo. Del dolor imposible de explicar. De una imagen absurda que aparece en mitad de la noche y que no tiene traducción racional. Hay poemas que no quieren educar a nadie. No quieren cambiar sistemas. No quieren emitir manifiestos. Solo quieren existir como existe la música: atravesándonos.

Pero vivimos en una época incómoda con el misterio. Todo debe poder explicarse, categorizarse, politizarse. Si un texto no tiene una “lectura social”, muchos creen que carece de profundidad. Si una obra no comunica un mensaje claro, parece incompleta. Hemos olvidado que algunas de las imágenes más hermosas de la literatura universal no “dicen” nada concreto y, sin embargo, permanecen para siempre.

Un verso de Alejandra Pizarnik no siempre explica algo: a veces apenas respira. Huidobro construía imágenes imposibles no para transmitir un programa ideológico, sino para romper la lógica misma del lenguaje. Incluso Borges —tan intelectualizado por la academia— entendía que la literatura también era un juego metafísico, un espejo absurdo, un laberinto sin centro.

La poesía no siempre necesita significado. A veces necesita ritmo, belleza, rareza.


Reflexión sobre cómo la necesidad de interpretar cada aspecto de la poesía puede sofocar la esencia misma del arte.Y quizá ahí reside su verdadera importancia.
Reflexión sobre cómo la necesidad de interpretar cada aspecto de la poesía puede sofocar la esencia misma del arte.Y quizá ahí reside su verdadera importancia.

Porque el mundo ya está saturado de discursos, opiniones, análisis y posicionamientos permanentes. Todo el tiempo alguien intenta convencernos de algo. La poesía, en cambio, ofrece uno de los últimos refugios donde el lenguaje todavía puede ser inútil en el mejor sentido posible: libre de productividad, libre de obligación, libre incluso de interpretación exacta.

Hay textos que no buscan conducirnos a una conclusión. Solo quieren producir una sensación. Una atmósfera. Una grieta emocional. Como mirar lluvia detrás de una ventana y sentir una tristeza imposible de nombrar. Nadie le exige explicación a la lluvia. Pero a la poesía sí.

Quizá por eso tanta literatura contemporánea se siente fría. Correcta, sí. Inteligente, quizá. Pero incapaz de temblar.

Porque la poesía no siempre tiene que decir algo.

A veces la poesía solo tiene que dejarnos caer dentro de ella.


Silvia Lima

 
 
 

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